viernes 22 de mayo de 2009

LA SOCIEDAD DEL BIENESTAR...ANIMAL


En estos últimos meses la Comisión ha trabajado intensamente para la modificación del Reglamento 1/2005 sobre bienestar animal. Esta nueva reforma será otra vuelta de tuerca al sector, con normas tan cuestionadas como la prohibición de realizar transporte para ganado si la duración del viaje es superior a las nueve horas y el destino es para sacrificio. De acuerdo con datos oficiales de comercio exterior, las pérdidas por caída de las exportaciones españolas alcanzarían la cifra de 40 millones de euros en el caso del vacuno de carne y 103 millones de euros en porcino. Además, se producen otros efectos negativos en los desplazamientos internos de larga duración.

La Dirección General de Sanidad y Protección del Consumo alega que mejorar el bienestar animal solo implica ligeros sobrecostes de producción y transporte, que son absorbidos por la menor pérdida de animales. La propia Comisión pone como ejemplo de su inexplicable argumento que el coste extra comparando con producción respecto a un huevo obtenido en jaula es mínimo, solo de 0,013 euros. Lo que olvida este organismo es que en España se obtienen alrededor de 930 millones de docenas de huevos al año, lo que supondría un coste adicional para el sector de 145 millones de euros. En definitiva, a partir de 2012 serán obligatorias las nuevas jaulas, lo que incrementará un 8 por ciento el valor del huevo, según un estudio realizado en la Universidad holandesa de Wageningen. A esto hay que añadir la nada desdeñable cifra de 2.250 millones de euros que cuesta la administración necesaria para aplicar y controlar estas normativas; un dato estimado por la propia administración europea. Tampoco se ha considerado el incremento de superficie mínima por animal para su transporte, lo que aumenta el número de transportes necesarios.

La normativa europea en esta materia es muy exigente y España se encuentra en la vanguardia de su cumplimiento, por encima de países que abanderan la defensa del bienestar animal, como Holanda o el propio Reino Unido.

En definitiva, se trata de un compromiso político, sin el suficiente rigor que constate la necesidad de esta batería de medidas. Es normal que el sector intente frenar un despropósito que volverá a afectar a la cuenta de resultados de todo un mercado ganadero. Todo ello, en una coyuntura en la que, más que dedicarse a la mejora sin sentido de la calidad de vida de los animales, Bruselas debería facilitar la viabilidad de las empresas, agrarias y no agrarias. Porque hay que volver a recordar que un animal hace viajes más cortos que un vuelo transoceánico y tiene sitio para tumbarse, algo que si uno no viaja en business class, ni siquiera puede disfrutar.

¿PROTECCIÓN SANITARIA O COMERCIAL?


En estas últimas semanas dos asuntos dan mucho que pensar sobre la mercantilización de las crisis sanitarias y veterinarias y, por tanto, ponen en entredicho la objetividad de los sistemas de protección en frontera.

Desde la década de los ochenta existe una importante contienda comercial derivada de la prohibición de entrada de carne de vacuno de EEUU en la UE, debido a su tratamiento con hormonas del crecimiento. En 1998 una sentencia de la Organización Mundial del Comercio (OMC) dio la razón a EEUU y Canadá y les autorizó a imponer a su vez sanciones compensatorias a la UE. Años después los propios informes de la OMC ratificaron la posición de la UE, que solicitó la supresión de dichas sanciones comerciales, lo que fue aprobado por la OMC e incumplido sistemáticamente por los países norteamericanos. Ahora han llegado a un principio de acuerdo por el que EEUU podrá exportar a la UE 20.000 toneladas de carne sin hormonas en una primera fase y 45.000 posteriormente. A cambio, EEUU mantiene las sanciones actuales a alimentos europeos durante tres años, para eliminarlas en el cuarto, pero no aplica una nueva batería de medidas de defensa que tenía previstas.

En el caso del cierre de la frontera rusa al porcino español, la FAO, la OMS y la Organización Mundial de Sanidad Animal han manifestado de forma taxativa su opinión contraria. Han resaltado la inocuidad de la carne de cerdo y sus derivados. Por cierto, una posición conjunta categórica, catalizada por el desliz imperdonable de Jorgen Shlundt, Director del Departamento de Seguridad Alimentaria de la OMS, que advirtió que la carne de cerdo no debía utilizarse para consumo humano. En este contexto los representantes del Ministerio de Medioambiente, Medio Rural y Marino han cogido el toro por los cuernos y han negociado in situ con los responsables rusos hasta desbloquear de forma gradual el veto de este país al porcino español. Las condiciones son sensatas, liberalizando el porcino que provenga de regiones donde no se haya detectado el virus y, posteriormente, donde se certifique que las personas infectadas no han tenido ningún contacto con explotaciones de porcino. Por otro lado el gobierno ruso ha exigido que España traduzca al inglés su página web para que desde las instituciones de este país se puedan conectar y leer la información que sobre este tema publica el MARM. Dado que esta información no es el Quijote y que el español no es sánscrito, la imagen que da el gobierno ruso es paupérrima, o más bien, nos ha puesto una molesta china en el zapato; eso sí, fácil de quitar. Con estos síntomas, lo que ahora puede preocupar son los tiempos de espera
, que pueden depender de un criterio monolingüe o de cualquier otra idea feliz.

CENSO GANADERO EN RECESIÓN


Las diferentes ganaderías españolas han pasado por una difícil coyuntura estructural y económica, que era previsible se tradujera en una significativa reducción de la cabaña. Los datos hechos públicos por el Ministerio de Medioambiente, Medio Rural y Marino constatan que el sector del ovino ha experimentado una caída de más 10 por ciento en el último año, siendo el censo actual de 19.952.282 animales. Si se consideran los tres últimos años, la minoración se cifra por encima del 12 por ciento. Diferente es el caso de los otros rumiantes menores, el caprino, que ha visto aumentar el número de animales en un 2,3 por ciento en un año y, a pesar de la caída del año anterior, también ha crecido en el último trienio, aunque sin llegar al 2 por ciento. Un sector que con la aplicación del desacoplamiento total de las ayudas a partir de 2010 es muy posible que continúe con esta tendencia, incluso acrecentada. Para el bovino la caída ha sido también considerable. En el último año se ha reducido un 6,5 por ciento, mientras que el interanual del último trienio roza los siete puntos. La cabaña actual de bóvidos asciende a 6.020.161 animales. También el porcino ha bajado, de forma mucho más tenue, un 0,14 por ciento en un año, hasta un número total de animales en 26.025.672. En definitiva y, aunque las magnitudes de las cuatro cabañas no son comparables, en el último año se han perdido en España 2.774.599 cabezas de porcino, ovino, caprino y bovino, sobre un total de 57.732.043; es decir el, 4,8 por ciento.

La abundancia de pastos de los últimos años, sobre todo el actual, permite reducir de forma considerable la factura de los piensos, en extensivo. Sin embrago, la recesión global del censo también tiene efectos en esta región. Si el alto precio del cereal catalizó la crisis ganadera, ahora la reducción de la cabaña está produciendo el efecto contrario, ya que ha caído el consumo de piensos, sobre todo en otras regiones donde domina el intensivo. Esta tendencia repercute directamente en la demanda de cereal y hace que bajen sus cotizaciones, lo que ya ha repercutido en la superficie sembrada, también en descenso.

EL ETERNO DIFERENCIAL DE PRECIOS


La Comisaria de Agricultura, Mariann Fischer, ha vuelto a apostar por la lucha contra los márgenes abusivos de precios entre origen y destino. Así lo recoge esta semana el informativo Agroeuropa. El sistema de vigilancia y control de precios para productos como la leche, la carne o el pan va a ayudar, eso cree la Comisaria, a mejorar la transparencia, lo que beneficiaría a productores y consumidores. Según la Oficina Estadística Europea los precios de los alimentos se han encarecido un seis por ciento en 2008, con respecto a 2007; un siete por ciento en el caso de los transformados y un cuatro por ciento cuando son en fresco. Los agricultores europeos, representados por la COPA-COGECA defienden que los agricultores y ganaderos europeos no son responsables de las subidas del precio de los alimentos, que crecen a un ritmo medio del tres por ciento anual desde el año 2000. Por otro lado, la reacción de los precios en destino no responde a la evolución de precios en origen. De hecho, desde 2000 los alimentos han subido en destino un veinticinco por ciento, mientras que su precio en origen no ha superado el cuatro por ciento de incremento. Por ejemplo, esta organización aporta el dato de un producto fresco como la carne, que llega al punto de venta con un precio del que solo el veinte por ciento corresponde al precio pagado al ganadero. El resto se imputa a sacrificio, transporte, envasado y venta en destino.

La iniciativa puesta en marcha por la Comisión deja fuera a los productos con un diferencial de precios más llamativo, como son las frutas y hortalizas, de especial relevancia en España. Por otro lado, no solo es suficiente con realizar un diagnóstico cuantitativo de diferenciales. Si se quiere que dicha acción aporte algo más que información confusa, es todavía más necesario acometer un estudio microeconómico de cada modelo de empresa intermedia, que estime el beneficio industrial de cada escalón y valore su necesidad dentro del proceso. A partir de las conclusiones de este diagnóstico se podrá establecer una estrategia que permita modificar el sistema, en caso de que esto sea viable. Ya veremos los resultados, pero es muy posible que haya sorpresas.

LA OPCIÓN DE MANIFESTARSE


Hace una semana fueron los ganaderos del sector lácteo los que se lanzaron a las calles de Madrid. El sábado hicieron lo propio en Zaragoza los antitransgénicos de Greenpeace, amigos de la tierra, ecologistas en acción y COAG. Dos movilizaciones, dos sentidos. El primero razonable, el segundo mucho menos. La opción de organizar una manifestación con las molestias que genera en la vida cotidiana de muchos ciudadanos es una respuesta sujeta a derecho, necesaria cuando se ha llegado a un extremo en el que hay que hacer comprender al gobierno y a la sociedad la situación límite por la que pasa un colectivo. En el caso lácteo, el problema es claro, no tanto la solución. Los precios a la baja y la entrada masiva de leche de otros países a precios muy inferiores han llevado a un sector mal dimensionado, en su mayoría, a una importante crisis. Al margen de la solución real que se les pueda dar desde el gobierno, es una situación que hace comprensible su salida a la calle. La escasa dimensión de la mayoría de las explotaciones españolas las hace poco competitivas, sujetas por tanto a unos costes elevados e inelásticos. Además la industria y la producción no llegan a acuerdos estables, lo que no permite plantear una estrategia integral desde dentro, que pueda ser apoyada desde el Ministerio de Medioambiente, Medio Rural y Marino (MARM). No obstante, el MARM, con personal cualificado y aun no siendo responsables de esta coyuntura, están obligados a contribuir en la búsqueda de soluciones y de acuerdos interprofesionales.

Completamente diferente es la manifestación antitransgénicos. Hasta la fecha los transgénicos no han generado en la Unión Europea ni en España ningún problema sanitario ni de consumo desde que se introdujeron. Además, su cultivo es muy reducido. Por otro lado, los escasos agricultores de transgénicos, aseguran que la semilla les es tremendamente rentable, aun siendo más cara. Aseguran que utilizan la nada despreciable cifra de cuatro litros menos de fitosanitarios por hectárea. Además, dicen no haber tenido ningún problema con otros agricultores de semilla convencional. Es decir, no hay problemas, los controles funcionan, los productores están contentos y sus vecinos que no las usan no están en contra. En esta situación y al margen de los que uno opine sobre este asunto, ¿qué sentido tiene una manifestación? ¿Qué queremos, un agro para turistas o un sector tecnológicamente avanzado, competitivo y con alta compatibilidad ambiental? Porque una de las herramientas más eficaces y contrastadas, son los cultivos modificados genéticamente. Ya explicarán por qué, con datos concretos y de nuestro entorno, sin irse a las antípodas.

LA CRISIS DEL BIODIESEL Y SUS CULTIVOS


La Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA) ha lanzado la voz de alarma sobre la paralización de la industria española del biodiesel. El motivo principal es la entrada en la Unión Europea (UE) de biocarburantes subvencionados ya elaborados. Hay que recordar que la producción principal de biocarburante en España se centra en el bioetanol, con 284.131 toneladas en 2007, frente a las 148.777 de biodiesel. Sin embargo la capacidad productiva y las tendencias de producción indican una realidad diferente. En el caso del biodiesel el techo de producción era en 2008 superior a 3,2 millones de toneladas, frente a 456.000 toneladas de bioetanol. Por otro lado, el bioetanol ha crecido por debajo del biodiesel, además de haber sufrido una caída en la producción. En Castilla y León se encuentran localizadas cinco plantas de biodiesel, que serán siete en 2010, con una capacidad total de casi 300.000 toneladas. En el caso de bioetanol, es una planta con 158.000 toneladas de potencial productivo.

Según datos de APPA, la mitad de las treinta y seis plantas abiertas de biodiesel en España están sin actividad. El resto opera muy por debajo de su capacidad. Hay que recordar que el consumo de biodiesel se duplicó en España en 2008, mientras que la producción solo aumentó un 28 por ciento. En 2008 el valor medio de producción de las plantas españolas alcanzó solo el 9 por ciento de su capacidad. En 2007 el 51 por ciento del biodiesel comercializado en España provenía de las importaciones y en 2008 se situó en el 71 por ciento del mercado nacional.
El pasado mes de marzo la Comisión Europea contrastó estos datos y asumió la importancia del problema. Las subvenciones aplicadas en Estados Unidos y la libre entrada de biodiesel en el mercado europeo habían hundido este sector. La decisión de aplicar de forma inmediata mecanismos de control en frontera para compensar la parte subsidiada fue muy bien recibida por la industria. Ahora el mercado está pendiente de sus efectos.

Por otro lado, uno de los objetivos de esta política era dar una nueva alternativa al agro europeo, algo que tal como están las cosas, no es viable. Según los últimos datos del FEGA, las ayudas a los cultivos agroenergéticos aumentaron de forma exponencial en España entre 2005 y 2007, llegando a alcanzar más de 9,4 millones de euros. En 2008, se produjo una fuerte caída hasta los 5,1 millones de euros, que se prevé continúe en 2009. En Castilla y León estos cultivos han crecido hasta 2007, en qué se concedieron ayudas por valor de más de 3,7 millones de euros. En 2008 experimentaron una importante caída del 56 por ciento, estando localizados en su mayoría entre Burgos y Valladolid, seguido de Palencia, Zamora, Segovia y Soria.

DUALIDAD LÁCTEA


El pasado 1 de abril arrancó una nueva campaña láctea con algunas circunstancias que van a condicionar el futuro de muchas explotaciones. Por un lado, se aplica el incremento gradual de la cuota de producción en cada país. Ahora, en España, la cantidad máxima autorizada es algo más de 6,3 millones de toneladas. El consumo en nuestro país ronda los 9,5 millones de toneladas y la producción real se sitúa por debajo de cuota. Una situación paradójica que viene marcada por los bajos precios de venta en origen en comparación con los altos costes de producción. No obstante, hay que recordar que los precios españoles son más altos que los de los grandes productores europeos, como Francia, aunque nuestro mal dimensionado tejido productivo sostiene unas cuantías de producción bastante más elevadas. Por otro lado, la limitada oferta española se ve sustituida en muchos casos por leche de países vecinos que la sacan de su mercado a precios hundidos. La industria y la distribución que operan en nuestro país adquieren y comercializan esta leche, dejando a buena parte de las ganaderías españolas con escasa capacidad comercial. Tal como recordaba Carlos Gil, Director de Business Milk, la industria española se ha dedicado de forma mayoritaria al envasado de leche, en vez de a elaborar productos de alto valor añadido; justo lo contrario a lo realizado por los grandes productores del centro y norte de Europa.


Con todo esto, el próximo 16 de abril se ha convocado una movilización de todo el sector ante la sede del Ministerio de Medioambiente, Medio Rural y Marino (MARM). El Plan Estratégico Horizonte 2015 presentado por el MARM no ha servido para tranquilizar a los agentes económicos, preocupados por problemas inmediatos, como la no recogida de un producto muy perecedero, como la leche. Quizás, este Plan no aborda de forma categórica una realidad propia del sector lácteo español, que no es otra que la enorme dualidad productiva de nuestro país. La mayor zona productora con diferencia, localizada en Galicia y la cornisa cantábrica, es también la más ineficiente y de más incierto futuro. Por otra parte, en otras comunidades autónomas, con volúmenes de producción menos significativos, es clara la apuesta por la concentración de oferta y el redimensionamiento. La política de desarrollo rural debe trabajar por redefinir un modelo de interés social y ambiental, ubicado fundamentalmente en la franja cantábrica, pero sin distorsionar el mercado. El resto, fuera de estas zonas de singular valor, debe estar sujeto a otras reglas del juego que le permitan estar preparados para 2015. En cualquier caso, un enfoque que está condicionado por la definición que debe hacer la Comisión de las zonas menos favorecidas y de las zonas intermedias.

viernes 3 de abril de 2009

EL SECTOR HACE Y ESPINOSA DESHACE


La agricultura y la ganadería han sido un ejemplo reiterado cuando se ha hablado de contaminación. La aplicación de fitosanitarios, los purines, los gases de efecto invernadero (GEI), la deforestación, son solo algunos de los argumentos más utilizados en su contra. Si uno atiende a los datos que son periódicamente publicados por las organizaciones internacionales, la situación es alarmante. En este aspecto, un sancta sanctorum de las estadísticas agrarias mundiales es la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). Sus últimos datos sobre cómo las emisiones ganaderas contribuyen al efecto invernadero, muestran que un 18 por ciento de los GEI provienen de la ganadería. El Foro Interalimentario, asociación para la mejora de la formación e información de los consumidores y de la sociedad, ha presentado un informe que ratifica y mejora los datos de otros estudios recientes. En él se constata que en España, segundo productor europeo de carne, las explotaciones ganaderas junto con la industria paralela de piensos, emiten un 9 por ciento del total nacional de los GEI, por debajo de otros sectores como el transporte o el energético. Es decir, la mitad de la media mundial estimada por la FAO. Además, su incremento en el periodo 2001-2006 ha sido solo del 0,6 por ciento. Son datos que se han obtenido con en el escenario más negativo. ¿Esto quiere decir que los datos de la FAO son erróneos? En absoluto. Nos encontramos ante una situación bastante habitual en estadística, como es la extrapolación de datos a universos diferentes. La FAO maneja estadísticas sobre la agricultura mundial, que incluyen millones de hectáreas en producción y enormes sistemas de explotación ganadera no sujetas a los cada vez más estrictos controles ambientales de la Unión Europea (UE). Un efecto bastante pernicioso si no se maneja con cuidado. No se puede obviar que este sector contamina, como todos los sectores productivos. Pero hay que destacar que lo hace menos que la mayoría y con crecimiento controlado o a la baja, al menos en sociedades avanzadas como la española. Todo ello, sin olvidar una importante singularidad, como son los enormes retornos ambientales que genera.

También la pasada semana la Asociación Empresarial para la Protección de Plantas (AEPLA), hizo balance del consumo de fitosanitarios en 2008. En palabras de su presidente Pau Relat, un año decisivo para la industria fitosanitaria europea y española, entre otros aspectos, porque hay que trasponer la nueva Directiva de Uso Sostenible. Un sector imprescindible para la producción suficiente de alimentos cuyo éxito presente y futuro está condicionado a la buena gestión ambiental. Por ello se ha ratificado un nuevo código deontológico que obliga a reforzar las acciones a favor del el buen uso de estos productos, la protección de aguas y la lucha contra el tráfico ilegal de productos fitosanitarios.

Son solo algunos ejemplos de los innumerables esfuerzos, algunos voluntarios, otros preceptivos, que realiza el sector agrario, agroalimentario y agroindustrial para conseguir alimentos con los mínimos perjuicios para el medioambiente. Pero poco se va a valorar todo este trabajo si la máxima responsable del agro español, la Ministra de Medioambiente, Medio Rural y Marino, Elena Espinosa, se avergüenza públicamente del sector agrario. El pasado 20 de marzo, el diario 20 Minutos, publicaba una respuesta de Espinosa a un lector. Preguntaba, por qué se ha unificado en un mismo ministerio, a los que “contaminan de tantas maneras y los que tienen que velar por el medio ambiente”. La Ministra no aportó ni un dato de los que aparecen en este artículo, ni ningún otro de los múltiples que demuestran el importante compromiso ambiental del sector, su papel poco contaminante en comparación con otros ni, por supuesto, su necesidad estratégica. ¿Cuál fue su respuesta escrita, es decir, meditada? Solo dijo, que no es una marcha atrás, que muchas comunidades autónomas también lo hacen y que la UE lo ve positivo. Cualquiera que lo haya leído, de los cientos de miles de personas que leen este diario, habrán aplicado el viejo dicho de que quien calla otorga. Un flaco favor a todo un sector y a todo un equipo de profesionales que, desde el siguiente escalón, sí lo tienen claro.

EL VACUNO DIGIERE MAL EL BOLO


La trazabilidad alimentaria y el control sanitario de las cabañas ganaderas han llevado al sector a la aplicación de estrictos sistemas de identificación. En la actualidad, el modelo de doble crotal, homologado en toda la Unión Europea (UE) garantiza su trazabilidad, en particular en el sector del vacuno. La polémica ha saltado con el anuncio de la Comisión de una posible implantación de la identificación mediante bolo ruminal en el ganado vacuno. Ahora las principales organizaciones españolas como la Asociación Española de Empresas de la Carne (ASOCARNE), la Asociación Española de Productores de Vacuno de Carne (ASOPROVAC) o la Asociación de Industrias de la Carne de España (AICE) han reaccionado de forma unánime en protesta por la posible apertura de esta vía.

Es importante recordar los grandes problemas que se han producido en el ovino y caprino por la implantación del bolo ruminal, como sistema de identificación electrónica. Este elemento es un cilindro de cerámica que es ingerido por el animal y permanece en su tracto digestivo durante toda su vida. Puede ser interpretado mediante lectores electrónicos, lo que evita pérdidas de crotal o posibles manipulaciones. España fue uno de los pocos países que aplicó con rapidez esta técnica, mientras que otros se resistieron y consiguieron sucesivas prórrogas. El efecto es bien conocido. Murieron una importante cantidad de animales, como consecuencia de la dificultad en la deglución del dispositivo.

Con estos antecedentes, es normal que el sector del vacuno esté preocupado. En primer lugar, existe el riesgo de que se produzcan dificultades de implantación similares a las del ganado menor, con las consiguientes pérdidas. En segundo lugar, se trataría de un coste añadido que tendría que ser incorporado en diferentes etapas del proceso, tanto en explotación como en sacrificio. Además, el sistema de crotales ha costado implantarlo y homogeneizarlo en la UE, con un resultado muy satisfactorio, que en la actualidad garantiza la trazabilidad de toda la cadena. Por otro lado, se ha podido comprobar, en el caso de ovino y caprino, que los procesos administrativos han ralentizado su implantación en muchos países y se ha perdido homogeneidad. En definitiva, un problema logístico, económico y técnico para el sector. Tampoco parece que el momento actual de crisis sea el mejor para acometer un proyecto de cierto riesgo, a tenor de la experiencia previa.

Es de suponer, al menos de esperar, que en caso de que esta idea vaya adelante, se corregirán los defectos del anterior. Es decir, evitar los problemas de deglución del bolo, algo que si se mantiene su tamaño, no debería producirse, dada la diferente envergadura existente entre un bóvido y un óvido. Es discutible que el buen funcionamiento de un sistema, como el actual, sea motivo suficiente para no mejorarlo. Los costes económicos son algo que debería ser muy bien valorado en esta fase previa, para evitar que salga más caro el collar que el perro. Dicho esto, el tema está todavía en mantillas.

martes 17 de marzo de 2009

LAS ETIQUETAS NO DEJAN VER LOS ALIMENTOS


Las economías avanzadas, como la europea, velan por la trazabilidad de los alimentos y por el derecho del consumidor a saber lo que consume y, por tanto, a elegir. Perfecto. Una política juiciosa que se articula, entre otros mecanismos, a través de un sistema de etiquetado y de diferentes clasificaciones generales, o por tipo de producto. El problema surge cuando son estas medidas las que, en muchos casos, dificultan el logro de sus objetivos, en particular de la capacidad de conocer del consumidor. Con este loable fin se ha promovido la creación de innumerables tipologías de alimentos, por ejemplo, las denominaciones de origen protegidas (DOP), denominaciones de origen calificadas (DOC), identificaciones geográficas protegidas (IGP), especialidades tradicionales garantizadas (ETG). Todo esto sin olvidar los grupos establecidos dentro de cada sector y, por tanto en sus etiquetas. Es el caso de los vinos con IGP, DOP, DOC, Viñedos de España, Vinos de la Tierra, Vinos de Pago. También en el caso del emblemático ibérico, que puede ser de bellota, recebo, cebo de campo, cebo. Pero no solo eso, también se puede diferenciar entre ibérico e ibérico puro, una discriminación que ningún consumidor conoce, ni siquiera la mayoría de los distribuidores y vendedores. Son solo algunas muestras sobre las que se podría escribir mucho y que podrían ser completadas con otros tantos casos en diferentes sectores.

Entre todo este batiburrillo, ahora el Parlamento Europeo ha propuesto el etiquetado de alimentos obtenidos a partir de animales criados con piensos transgénicos. Muy bien, más etiquetas que, en este caso, no discriminan, ya que todos los animales, salvo los criados en ecológico, se alimentan con piensos transgénicos; estos sí, etiquetados como tal. También se estudia poner otra etiqueta que refleje el nivel de cumplimiento de los requisitos de bienestar animal, con diferencias entre los más y menos comprometidos con esta norma. Por supuesto, están los certificados de los Consejos Reguladores de Agricultura Ecológica, o la más que desconocida agricultura integrada, obligatoria en todo el agro europeo a partir de 2014. Todavía me dejo muchos.

Una inmensa mayoría de los lectores no conocerá las diferencias y características de una buena parte de estos ejemplos, lo que en sí mismo muestra la ineficacia en la planificación y gestión de una política de calidad y claridad alimentaria, con objetivos claros y deseables. ¿O será que no hay planificación y se funciona con arreones?

Por ahora, las etiquetas son cada vez más numerosas, más llenas de contenido; tanto, que ya casi no se ven los alimentos. En otros casos es un microetiquetado imposible de leer. ¿Es necesario que el consumidor reciba tanta información?, ¿es necesaria tanta tipología? Sí a la trazabilidad y a la información básica. Para quien quiera saber más, están los lectores digitales y otras aplicaciones de las nuevas tecnologías. Al resto, que nos dejen disfrutar de algo tan agradable como el comer y sus prolegómenos, sin padecer una crisis de micro literatura terminológica, difícil de digerir.